“!Mi hijo no quiere comer!” Esta es la expresión desesperada de muchos padres angustiados cuando los pequeños no quieren abrir la boca para alimentarse.
Lo primero que debemos descartar es que exista un problema médico. El pediatra es la persona apropiada para revisar al niño y descartar cualquier enfermedad relacionada con la falta de apetito.
Usualmente el médico no encuentra nada, el niño está saludable y volvemos a casa sin saber que hacer. La forma de afrontar éste problema depende de la edad de tu hijo o hija.
Si es un bebé y aún lo estás lactando puedes leer nuestro artículo sobre la huelga de leche.
Si tu niño ya está empezando su comida sólida, pueden existir varias causas:
-No le gusta el sabor de la comida:
Es posible que esa deliciosa y nutritiva sopa de hígado, hueso, espinaca y calabaza, sea maravillosa para su crecimiento, pero puede que su sabor sea tan terrible, que como adultos no pudiéramos probarla. Al alimentar nuestros niños no sólo les estamos los estamos nutriendo, sino que también les estamos enseñando a degustar diferentes sabores y a disfrutar los alimentos. Debemos darles comida que nosotros mismos disfrutemos comer.
-No le gusta la textura de la comida en la boca:
Una de mis sobrinas escupía la comida y gritaba: “papel”.
Si tu hijo ha comido toda la comida en papilla o licuada, a la hora de hacer el cambio a comida sólida es posible que no quiera masticarla. Trata de hacer el cambio lentamente y empieza con las frutas que son favoritas de los niños por su dulce sabor, además ellos difícilmente rechazan la textura de un pedazo de sandía o una tajada de mango maduro.





