Siempre hemos creído que como resultado de los avances en la medicina, la esperanza de vida de las personas aumentaría progresivamente de una generación a otra. Pues resulta que los malos hábitos alimenticios y el tipo de vida que impone la vida moderna están atentando contra esa tendencia, y es posible que los hijos de la actual generación vivan menos que sus padres.
A principios del siglo XX una persona de setenta años era considerada una persona anciana, mientras que ahora a principios del siglo XXI encontramos a muchas personas de 85 años y más que llevan una vida perfectamente activa y bastante saludable.
Sin embargo las dietas que se están imponiendo en el mundo y la vida sedentaria están amenazando la calidad de vida de los niños de hoy con el aumento en la obesidad y de las enfermedades asociadas con el sobrepeso.
Un estudio realizado por la Fundación “La Caixa” sobre “Alimentación, consumo y salud” ha concluido que como resultado de lo anterior es posible que los hijos de la actual generación vivan menos que sus padres.
El informe señala que antes eran las madres quienes se encargaban de determinar qué se comía en el hogar, cuándo y dónde. Ahora en muchos hogares esa función ha sido remplazada por los medios de comunicación.
El informe también menciona la paradoja de que hemos pasado de ser una sociedad con carencias alimentarias a una con sobreabundancia, pero con hábitos poco saludables que dan pie al desarrollo de enfermedades propias de una vida sedentaria.
Estas características de la sociedad moderna son responsables de problemas como el sobrepeso y otras patologías como la anorexia y la bulimia, que pueden dar origen a que “por primera vez en la historia de la humanidad los hijos tengan menor esperanza de vida que sus padres como consecuencia de la aparición de enfermedades degenerativas derivadas del sobrepeso y de hábitos alimenticios inadecuados”.
El estudio hace un llamado para recuperar el control sobre la alimentación. También nos recuerda que tiende a encontrarse una menor tasa de obesidad entre los niños que pesaron menos de 3,5 kilogramos al nacer o se alimentaron con leche materna durante los primeros tres meses, así como entre los que reciben un desayuno completo y consumen frutas y verduras.
Vía | Padres Hispanos



