El gobierno de Venezuela adoptó una nueva Ley de Inteligencia y Contrainteligencia, que obliga a todos los ciudadanos y empresas venezolanas o extranjeras a colaborar de manera encubierta cuando sean requeridos por los organismos de seguridad.
La medida ha despertado críticas entre defensores de derechos humanos, expertos legales y sectores opositores del gobierno, quienes afirman que se trata de una norma que viola la constitución, es “represiva” y “fomenta la delación”.
La ley disuelve los dos organismos principales de inteligencia venezolanos y los reemplaza por nuevas agencias que serán supervisadas por Chávez.
Además, exige cumplir con la petición de asistir a las nuevas entidades, cuya policía secreta y grupos de monitoreo comunitarios dependen del gobierno.
Quienes se nieguen a colaborar podrían recibir penas de prisión de hasta seis años.
Los críticos acusan a Hugo Chávez de obligar a los ciudadanos venezolanos a actuar como informantes, para evitar ir a prisión.
Para Chávez, la ley de Inteligencia y Contrainteligencia servirá para mejorar la defensa del país, ante la amenaza que representa Estados Unidos.
Chávez calificó la ley de “antiimperialista y antigolpista”, y puso como ejemplo de amenaza el reciente sobrevuelo de un avión militar estadounidense en la base naval venezolana de La Orchila.
Comentario:
No se puede ocultar que nos encontramos ante un gobierno venezolano que se encuentra apuntalando su aparato militar y de inteligencia, presionado por una percepción de amenaza externa y financiado por un aumento incontrolado en los precios internacionales de petróleo.
La Ley de Inteligencia es un complemento de un renovado plan de compra de armamentos, que buscan reforzar la seguridad interna y externa de Venezuela, bajo el liderazgo y el control directo de Hugo Chávez.
El comportamiento de Chávez no es diferente del de otros grandes países productores de petróleo en Medio Oriente y el resto del mundo durante la última década (Arabia Saudita, Irán, Rusia, China), quienes también han aumentado el gasto militar de forma dramática de la mano del precio del petróleo.
Es una tendencia que, además, se ha visto reforzada por las percepciones de amenaza externa después de la invasión estadounidense a Irak.
Puede vaticinarse que las tensiones en la región andina, por cuanto respecta a Venezuela, lejos de aminorar, seguirán escalándose durante los próximos meses.
Vía | VOA | ANSA



