Por: Camilo Galán / Opinión
La gran prensa internacional se rasga las vestiduras y grita histéricamente porque Fidel Castro “desprecia la hipocresía” que se manifiesta en el levantamiento de sanciones diplomáticas de la Unión Europea a Cuba.
Les parece que Cuba debe arrodillarse y en un gesto de corrección política impensable agradecer la decisión europea con un voto de arrepentimiento y propósito de enmienda. Les parece que la magnanimidad europea debe servir como estímulo suficiente para que Cuba se pliegue a los dictados de Estados Unidos, de Europa o de cualquier otro poder extranjero.
No han entendido que Cuba sigue pagando el costo del aislamiento por defender una posición de dignidad, de autonomía y de independencia. No han entendido que las sanciones europeas han sido un gesto reflejo del bloqueo norteamericano, rechazado en múltiples resoluciones por Naciones Unidas.
¿Por qué no se le aplican sanciones diplomáticas, más bien, a los Estados Unidos, cuyo gobierno ha demostrado hasta la saciedad que no respeta las propias leyes de su país, ni el derecho internacional? ¿No es acaso el mismo gobierno que invadió ilegalmente a otro país con pretextos falsos y que lo tiene sometido bajo un régimen neocolonial? ¿ No se ha demostrado suficientemente que ha practicado de forma sistemática la tortura en Irak, Afganistán y Guantánamo? ¿Dónde están las sanciones diplomáticas?
¿La Unión Europea tiene una regla para medir a los países pequeños y otra muy distinta para medir a los grandes poderes mundiales? Porque si es así, esa no corresponde a la imagen que tienen la mayoría de europeos de sí mismos, ni a la publicidad libertaria y democrática con la cual se presenta ante el mundo. En ese caso sí tendría razón Mr. Bush, aunque por otros motivos, cuando habló de la “vieja Europa”.
Pero si es que la noble Europa sufre de ataques de esquizofrenia: en las mañanas da lecciones de democracia y derechos humanos, y en la tarde echa como a unos perros a miles de migrantes económicos africanos y suramericanos que desempeñan las labores más indeseables de la sociedad. Ha sido más sincero un personaje como Berlusconi, que no ha maquillado su sentimiento xenófobo, así al final echara para atrás su política migratoria doméstica para ceder el paso a la no menos funesta comunitaria.
¿Por qué cree la UE que tiene la autoridad moral para tratar de imponer condicionamientos a Cuba por el levantamiento de unas sanciones ilegítimas? No es sino leer la historia europea del siglo XX para horrorizarse y tener de inmediato las peores pesadillas. ¿Qué autoridad moral tienen para pretender imponer condicionamientos a Cuba?
No me sorprende que Fidel Castro se mofe de la hipocresía europea. En lugar de pretender darnos lecciones de corrección política –a los latinoamericanos– deberían aplicar sus propias recetas a sus socios norteamericanos. En lugar de representar trasnochados papeles neocoloniales, deberían sacar sus tropas de Afganistán e Irak. Y aprender a respetar.
Fuente | Colombia Hoy



