Tal vez a causa de una tardía fe decimonónica, cuando el cientificismo era considerado como el ideal y triunfaba sobre cualquier otro tipo de pensamiento, las cifras –estadísticas, porcentajes, elementos matemáticos, en fin, todo el material tan impresionante del vocabulario científico– han terminado por imponerse en nuestra época ante la actual debilidad de las palabras. Éstas parecen haber perdido su poder mientras los números se van imponiendo.
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