Quizá haya llegado ya la hora de hacernos la pregunta: si los españoles avalamos reiteradamente a los gobernantes corruptos con nuestro voto, ¿qué fuerza moral tenemos para quejarnos del abuso de los empresarios, de la ineficiencia de los funcionarios y jueces, de la desfachatez de los que se suben sin límite sus sueldos, de los financieros que gestionan mal el dinero de todos y de tantos atropellos de los que nos declaramos víctimas? ¿No sospecharán ellos que, en realidad, todo eso no nos importa a la vista de que al final acostumbramos a dar nuestra aprobación, pase lo que pase?
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