
No puede ser Miguel. Aquel hombre que el miércoles intentó atracar un salón de juegos recreativos en Málaga, no puede ser el padre de familia de la barriada obrera de la Luz que “trabajaba como un burro” y al que era habitual ver con su hijo Pablo, de ocho años, montado en bicicleta, y con el pequeño, de tres, cargado en los hombros.
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