Los distintos países defienden sus propios intereses en la Cumbre de Copenhague sin demasiadas perspectivas de llegar a un acuerdo vinculante sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Una fórmula posible y suficiente para frenar el cambio climático se basaría en permitir a cada país, como máximo, la media de emisiones per cápita mundial, con un plazo de adaptación hasta 2020.
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