Una cualidad intrigante del cine es su carácter imprevisible. No hay apuestas seguras en un oficio tan expuesto al azar y la suerte. Por ello, lo que promete en papel no siempre se cumple en pantalla. El atentado es un caso ilustrativo de esa frustrante transición.
Leer esta opinión en La Jornada | Leonardo García Tsao: La intentona
Etiquetas: México



