He oído historias de gente longeva que permanece lúcida o relativamente lúcida y activa hasta el final, de noventaitantos años o incluso más, pero nunca he conocido de cerca o de forma de veras familiar a ninguno de estos personajes como para confirmar de manera directa que están contentos con su vida y que de veras se encuentran…
Leer esta opinión en La Jornada | Bárbara Jacobs: La buena vida
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