Los pueblos indígenas de la sierra Tarahumara y los huicholes que defienden el sitio sagrado del pueblo wixárika, donde abundan la plata y el oro en el subsuelo de Wirikiuta, sobreviven entre el hambre y la riqueza de los recursos naturales de sus tierras y territorios, concesionados a compañías mineras trasnacionales, principalmente.
Leer esta opinión en La Jornada | Jaime Martínez Veloz: Rarámuris, Wirikuta y los acuerdos de San Andrés Larráinzar
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